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La “vieja” revolución

Hoy en día se habla de los coches eléctricos y de su precio con asiduidad porque vivimos sumergidos en una burbuja de desmedido consumismo constante y presuntamente evolutivo. Este consumismo nos atrae y no conduce hacia las más exacerbadas ideas de mejora tecnológica, por tal razón podemos hoy afirmar sin lugar a duda la existencia de vehículos que ya sea mediante petróleo o electricidad, nos “manejan” a su antojo y permanecen necesariamente en nuestro presente. 

La idea de coche eléctrico es un acontecimiento surgido aparentemente de forma reciente, como una idea despampanante y revolucionaria que puede hacer que lo que hoy vemos como innovación, no sea nada más que una idea rudimentaria y poco trascendente; sin embargo hoy pretendo principalmente desmentir tal idea de que los coches eléctricos suponen una revolución reciente pues sin lugar a dudas puedo afirmar que el primer coche eléctrico se inventó en el año 1832, dejando atrás cualquier hipótesis de que estos vehículos suponen una invención actual. De esta manera podemos poner en duda dicha revolución, planteando la idea de reiteración histórica, pudiendo ser esta favorable o no, sin duda tal planteamiento siempre será subjetivo al espectador.

Una vez habiendo demostrado y confirmado la existencia anterior de los coches eléctricos podemos poner en duda el funcionamiento y el cambio que está supone, asumiendo así que esto puede tratarse de una mera repetición de la historia que puede suponer un avance y mejora de la tecnología o una simple paradoja histórica que no nos llevará a alcanzar nada que antes no se haya logrado o vivido. Más allá de este concepto de tecnológica dentro del mundo automovilístico podemos también poner en duda si esta innovadora coincidencia podría conllevar un cambio radical de lo que hoy consideramos lógico y permanente en nuestras vidas.

Yendo un paso más adelante no solo vamos a repetir la tan ignorada arcaica existencia de los falsos “innovadores” coches eléctricos sino que vamos a analizar como su implantación repentina en la sociedad supondría un radical cambio en ella. La poderosa industria del petróleo que domina el mundo actualmente se vería erradicada en gran medida por la desaparición de los vehículos que funcionan con motor de combustión y con ello se eliminarán y desaparecerán permanentemente aquellos trabajos ligados a este sector; si bien, aunque sería imposible afirmar, aparecerían también otros empleos relacionados con el reportaje eléctrico de los nuevos vehículos que fomentará la aparición de las poco conocidas “electrolineras”, que si bien podrían sustituir a las gasolineras en el dominio del mundo entero. Pues probablemente dentro de muchos años nuestros descendientes nunca llegarán a comprender porqué el ser humano permaneció durante tanto tiempo haciendo uso exclusivamente de motores de combustión, derivados de una energía no renovable que siempre tuvo una fecha de caducidad que el ser humano siempre quiso alargar; además de su enorme capacidad de contaminación.

Por tanto podemos afirmar que los coches eléctricos no son un concepto contemporáneo ni mucho menos una idea innovadora, aunque sí cautivadora, de una posibilidad de transporte. Aun así esta idea cambiará el mundo tal y como lo conocemos, pues se desarrollarán nuevos empleos y desaparecerán de la faz de la tierra muchos otros. Siendo esto un hecho histórico que en años todavía se hablará de ello.

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